martes, 18 de agosto de 2015

SED DE DIOS (II)

Siguiendo con el tema de la sed de Dios, me pregunté como tener sed porque en la vida espiritual no ocurre lo mismo que en la física. Cuando hay una fuerte deshidratación de Dios lejos de sentir sed, lo que  se experimenta es falta de paz, y además  se da por hecho que es Dios quién nos ha abandonado cuando hemos sido nosotros los que hemos dejado de beber, tal vez sin darnos cuenta, porque atraídos por las charcas que nos rodeaban dejamos de buscar más.

El que tenga sed y quiera que venga a beber el agua de la vida” (Ap 22,17)

Si para beber el agua de la vida hay que tener sed y querer, la pregunta es ¿Cómo tener sed? Creo que los que nos da la sed es la aceptación del dolor. Cuando el dolor no es aceptado, cuando lo único que queremos es no pasarlo mal y que nos vaya todo bien no buscamos a Dios con sed, solo le buscamos para que nos solucione el problema y volverle a olvidar otra vez. Sin embargo cuando aceptamos la voluntad de Dios en nuestra vida y confíanos en sus planes, aunque no los entendamos, y empezamos a aceptar y a esperar en vez de deliberar y discutir. Cuando nos damos cuenta de que no tenemos más remedio que perder el control sobre nuestra vida porque el control solo lo tiene Dios. Cuando dejamos de teorizar y ejecutamos lo que Dios quiere y nos ponemos en camino, entonces empezamos a sentir sed y a beber y a calmar nuestra angustia y a ser felices y a entender que el yugo de Dios es suave y su carga ligera. Sin embargo este proceso no es fácil. Adquirir esta fe como la de Abraham requiere de mucha oración. Con lo cual  es posible estar metido en un bucle en el que no bebemos porque no tenemos sed y no tenemos sed porque no bebemos. Debemos esforzarnos entonces por beber aunque no tengamos sed para poder aceptar el dolor y confiar en Dios, y poco a poco el agua empezará a correr y nos encontraremos metidos de nuevo en ese manantial de vida.

jueves, 13 de agosto de 2015

SED DE DIOS

Muchos especialistas en medicina y nutrición aconsejan beber sin esperar a tener sed porque aseguran que la sed es un indicador tardío de deshidratación y cuando aparece ya hemos perdido un porcentaje de líquidos con consecuencias para nuestro organismo.
La deshidratación somete a un esfuerzo excesivo al corazón, los pulmones y al sistema circulatorio, lo que significa que el corazón debe bombear con más fuerza la sangre a todo el cuerpo. Además los niños y los ancianos suelen tener la sensación de sed cuando ya hace falta reponer muchos líquidos.
Leyendo al profeta Jeremías me he dado cuenta de lo importante que es no perder la sed de Dios. En este libro el Señor reprocha a su pueblo “a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas que el agua no retienen” y más adelante “¿Se olvida la doncella de su aderezo, la novia de su cinta? Pues mi pueblo sí que me ha olvidado días sin número”.
Yo lo veo como la queja de un enamorado. Dios nos ama y nos reprocha que teniéndolo en  El  Todo nos olvidemos de su amor, prescindamos de El y sólo nos acordemos cuando tenemos problemas. Y es razonable. ¿Que pensaríamos nosotros de un enamorado nuestro que hiciera lo mismo?
 
Si perdemos la sed de Dios empezamos a hacer nuestra vida como si El no existiera aunque recemos de vez en cuando o recibamos los sacramentos. Entramos en una dinámica en la que cumplimos más que otra cosa, y a veces ni eso. Y lo que hacemos es superficial, le damos a Dios las migajas. Sin embargo este alejarnos de El acaba pasando factura en nuestra vida. No porque El nos castigue sino porque necesitamos a Dios como el agua. Y si dejamos de beber nos deshidratamos y las consecuencias a largo plazo se traducen en un vacío de vida que necesita ser llenada y entonces empezamos a sufrir porque nos hemos llenado pero no de Dios, sino de algo que no nos satisface. Y entonces pedimos ayuda a Dios, pero Dios no puede llenarnos porque el vacío que tenemos de El está obstruido por otras cosas.
 
Con lo cual tenemos que ser vaciados y eso duele. Por lo que en alguna forma estamos purificándonos de ese olvido de Dios. Este proceso de purificación puede ser muy doloroso pero es necesario y lo que nos debemos olvidar en ningún momento es que Dios nos ama siempre, cuando le olvidamos y cuando nos acordamos de El.

jueves, 30 de julio de 2015

TOCAR EL MANTO DE JESÚS

Hay muchas personas que peregrinan a lugares sagrados o acuden a maestros espirituales y buscan desesperadas una palabra de consuelo, un toque sanador, una señal que les ayude a seguir caminando, a curarse de su enfermedad, a encontrar respuestas a tantas preguntas.
Las personas que vivieron en la época de Jesús tuvieron la suerte de mirarle, de tocarle, de rogarle, de recibir su consuelo. Muchos de ellos fueron curados en su cuerpo o su espíritu. Otros se enamoraron de El y encontraron la plenitud de su vida.  
Y nosotros también podemos ser curados, consolados, entendidos, mirados por Jesús. Podemos tocar su manto como lo hizo la hemorroísa. Para ello tenemos los Sacramentos y tenemos su Palabra. Le tenemos presente en los sagrarios. No le vemos pero El mismo dijo que “Dichosos los que creen sin haber visto”. Nosotros no le vemos pero El nos ve a nosotros, vive dentro de nosotros. Los que vivieron en su época se cruzaron con El en un momento pero nosotros lo tenemos siempre. Nos falta fe, es verdad, pero El también nos da la fe. Cristo está presente ahora, te escucha y te ayuda. No dejes de acudir a El y de tocar su manto.   

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